Antón de la Calle & Asociados          Despacho de abogados especializado en Derechos de Nuevas Tecnologías e Internet

Delitos Informáticos

Las tecnologías de la información han transformado radicalmente nuestra sociedad y continuarán haciéndolo durante un futuro previsible. Hasta hace pocos años, tan solo unos pocos sectores de la actividad productiva habían racionalizado sus procedimientos y su actividad mediante el recurso a las tecnologías de la información. Hoy, en cambio, no existe casi ningún sector de actividad al margen de su influencia.

Gracias a ella, cualquier usuario puede tener acceso a la información almacenada en los sistemas informáticos y dispone de posibilidades prácticamente ilimitadas de intercambio y distribución de datos con independencia de la lejanía geográfica. Todo ello, ha traído como consecuencia una explosión de la cantidad de información y de conocimiento disponible en soporte informático.

Este desarrollo está provocando una transformación económica y social sin precedentes. Sin embargo, también tiene su lado oscuro: la aparición de nuevas formas de criminalidad, la utilización de las redes informáticas para la comisión de delitos nuevos y antiguos.

A medida que se incrementa nuestra dependencia de las redes informáticas globales, se hace más evidente la vulnerabilidad de los usuarios, sean éstos personas individuales, empresas o autoridades públicas, frente al abuso de los sistemas informáticos y a la agresión criminal contra las redes. Varias razones abogan a favor de la protección de las redes informáticas. En primer lugar, la emergencia de una sociedad global, de información prácticamente sin fronteras, que ofrece inmensas posibilidades de actuación tanto legítima -, por ejemplo con fines educativos, científicos o comerciales –como criminal-por ejemplo la distribución de pornografía infantil. En segundo lugar, la desaparición de los obstáculos al acceso remoto gracias a lo cual cualquier usuario de Internet puede en cualquier momento y en cualquier parte del mundo, acceder a enormes cantidades de datos almacenados en sistemas informáticos. En tercer lugar, la consolidación de una nueva era de comercio electrónico online de bienes y servicios el valor de cuyas transacciones ya nos muestra cifras astronómicas en dinero.

La criminalidad informática tiene manifestaciones diversas, tales como el empleo de redes para distribuir a velocidad fenomenal y a un número ilimitado de usuarios contenidos ilegales, pornografía infantil, ataques informáticos o información para la elaboración de explosivos. También su uso para tareas de espionaje o acceso a información confidencial, la cual posee siempre un alto valor económico. El tipo de criminalidad al que se alude no tiene como autores, o al menos no exclusivamente, ni siquiera principalmente, a un puñado de jóvenes prodigios de la informática a la búsqueda de emociones fuertes, sino a hackers o crackers profesionales, cyberterroristas o cyberespías que actúan de forma deliberada y con interés económico al servicio de empresas y gobiernos.

En definitiva, la actividad criminal está viviendo una transformación revolucionaria que genera problemas gigantescos para los Policías de todo el mundo. Problemas que nunca han sido tan duraderos y graves. La revolución resulta de la posibilidad que ofrecen los ordenadores conectados a redes y otras tecnologías de cometer delitos a distancia, a través de Internet y otras formas de comunicación sin cable. Un delincuente ya no necesita estar presente en el lugar del delito para despojar a su víctima. Todo, desde los bancos hasta el control del tráfico aéreo y pasando por la telefonía, reposa sobre el funcionamiento adecuado de las redes informáticas. Por ello, pocas personas o instituciones escapan a estas nuevas y amenazadoras formas de delincuencia.